No somos bichotas

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No somos bichotas

INTRIGATAS

Por: Laura Haddad

El rock, me llegó como a mucha gente de mi generación (creo), por mayores que a mi alrededor lo escuchaba. También como a la mayoría de quienes conozco y siguen siendo asiduos a este género, no entendía nada de lo que se cantaba pero me sorprendía el sonido que emitía la música. Era yo una niña muy pequeña.

Cuando el llamado “rock en español” surgió, entonces aún era yo muy joven para comprender las letras. Y otra vez mis mayores me explicaron lo que ellas reflejaban en esos años que seguían a las décadas en las que más de un país de habla hispana había padecido una dictadura o alguna especie de crisis social de este tipo.

Así, recuerdo que la primera canción de rock en español que escuché fue La ciudad de la furia de Soda Stereo y me desconcerté, pues “eso sólo lo podían hacer quienes cantaban en inglés”, me dije en los adentros de la niña que aún era. Pero me gustó. Y tanto que no tardé en ir a la recámara de mi hermano mayor en cuanto él estuvo fuera de casa para buscar ese LP y ponerlo de nuevo en el tornamesa.

Luego, algún amigo mayor me explicó qué era la ciudad de Buenos Aires, esa que los integrantes de Soda Stereo llamaron “la ciudad de la furia” y su opinión sobre por qué tal vez Gustavo, Charly y Zeta la describían así: era la capital de Argentina donde habían ocurrido muchos atropellos sociales bajo un régimen dictatorial que despareció a miles de personas, por eso –aseguró mi amigo- la gente de Buenos Aires tenía furia contenida. Esta su lectura era una más social que erótica como años más tarde, mi generación haría de esta canción en su versión unplugged.

De esta forma, el rock me enganchó a querer saber más sobre la gente de otras culturas y esas historias de sucesos sociales a las que hacía referencia o por las que se inconformaba.

Hace pocos días esta misma curiosidad me llevó a escuchar la canción “Bichota”, ya que en redes sociales mis contactos más jóvenes no paraban de referirse a ella.

La canción la interpreta una joven identificada como Karol G y si no me refiero a ella como artista o cantante es porque soy conservadora en esas definiciones y con base en ellas, lo que esta chica interpreta no cumple con los estándares o cánones para ser llamado arte y lo que hace no es cantar, más bien balbucea.

La estética del reggaetón puede ser apreciada nos guste o no y evidentemente la tiene. Como también un discurso que a primer desglose, no es tan diferente al rock y por ende, se le acusa de lo mismo: de composiciones indecentes, vulgares, inmorales y de fácil estructura musical.

Sí, al rock también se le ha señalado de ser esto y no hay que olvidarlo porque fue exactamente esto lo que lo volvió un género contestatario y subversivo.

Pero si el rock evolucionó al grado de que en estos momentos pudiera estarse convirtiendo en “la nueva música clásica” (disculpen mi oxímoron involuntario) pues sus grandes intérpretes y compositores han muerto o lo están haciendo, así como las salas de conciertos del mundo le han (por fin) abierto sus puertas, el reggaetón no parece que vaya a tomar un rumbo igual ya que la pobreza musical que lo soporta, no da para más.
Sin embargo, el tiempo lo dirá.

Este texto surge luego de escuchar Bichota, de tener que acudir a un video en el que se transcribió la letra porque aunque esta vez era interpretada en mi idioma, no la entendí a primera oída porque (insisto) Karol G no canta, balbucea, y el uso que hace del español, es uno que desconozco.

Si La ciudad de la furia de Soda Stereo motivó a una niña de 10 años o menos a querer conocer más sobre lo que ocurre en una sociedad como la Argentina y a saber sobre su historia, al punto de que ahora esa niña es una estudiante de posgrado en Estudios sobre la Comunicación y Cultura, ¿a qué motivará Bichona en una niña o joven de hoy?

¿A sentirse “empoderada” porque tiene un culo enorme para el cual no hay hombre que pueda “quebrarlo”?
“Salgo acicalá’ de pie’ a tope
Porque puede ser que con el culo mío te tope’, tope’ (¡Eh!)
Me siento bichota (¡Ah!) sin salir del bloque
To’ me quieren partir y no tienen con qué”.

¿A creerse mejor porque es la jefa de un grupo delictivo y al cual accedió con éxito gracias a sus glúteos?
“En Puerto Rico, Bichota es usada a un narcotraficante de alta jerarquía o a quien tiene un puesto alto.

También se indica que es un derivado del término en inglés “big shot”, el cual significa alguien de un rango importante o jefe.” (El Heraldo de México, 1 de diciembre 2020).

Ante el estupor, recuerdo otra canción que más que rockera es una fusión con ska de un grupo de mis tiempos y que fue todo un reclamo generacional: “hey pa’ fuiste pachuco, hey pa’ bailabas mamobo, tienes que recordarlo”.

Fui y soy rockera y no lo olvido, pero tampoco aquella vez que tuve la oportunidad de escuchar a Carlos Monsiváis extrañar a “la buena moral mexicana” y sus censuras porque para entonces, ya comenzaban a sonar en las estaciones de radio comercial canciones como Bichota y la violencia en México estaba comenzando a ser efervescente, y él sostenía que quizá los valores del catolicismo y /o el cristianismo podrían ser una salvación ante ello (valores como la caridad, la compasión, el perdón, entre otros).

El sencillo de Karol G sonó por primera vez en 2002; en 2021 cuando los crímenes hacia las mujeres en México son insostenibles parece ser más popular que antes en nuestro país.

Y no, no se trata de una canción que narre la historia o proeza de una mujer empoderada, sino la de una chica que se esclaviza ante una sociedad machista creyendo que el poder está en sus atributos físicos, en ser sexualmente más energética que un hombre y valerse de ello para acceder en una carrera criminal.

Y así, el reggaetón tampoco es un género subversivo ni contestatario, es más bien producto de esta sociedad en la que todo se cosifica y se degrada; un ritmo facilón, pegaso y de fácil acceso que adoctrina vía lo lúdico a las y los jóvenes que lo escuchan, que más allá de entretener perreando, al escucharlo algo en su inconsciente se les inserta y cuyas repercusiones aún están por verse.

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