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Los hombres nos matan porque pueden, porque cuando exigimos justicia exigimos castigo y no prevención.

Los feminicidios que crecen en número y en crueldad, así como todas las formas de violencia que vivimos las mujeres en nuestro país han generado muchas exigencias de justicia.

Sin embargo, la mayoría de estas exigencias entienden por justicia que el perpetrador pase el resto de sus días en la cárcel y asunto resuelto. Evidentemente, debe haber castigo para quienes cometen delitos, pero la justicia nos involucra a todas y todos. Es una responsabilidad individual, familiar, social, mediática y estatal. Los hombres nos matan porque pueden, porque cuando exigimos justicia exigimos castigo y no prevención.

Justicia es que a ninguna niña en México le vuelvan a hacer creer que vale menos que un niño, ni a ningún niño que vale más que una niña.

Justicia es que las y los adolescentes tengan acceso a educación sexual y métodos anticonceptivos gratuitos y accesibles.

Justicia es que las estudiantes lo paren todo, secundarias, prepas y universidades hasta que ningún profesor se atreva a volver a acosar a una alumna.

Justicia es que en ninguna pareja se atreva a filtrar fotos íntimas.

Justicia es que ninguna mujer gane menos que un hombre por el mismo trabajo.

Justica es que en ningún trabajo nos corran por estar embarazadas.

Justicia es que no nos dejen morir una clínica clandestina por haber decidido abortar.

Justicia es que ningún médico vuelva a decirle a una mujer que está pariendo “cállate, que para eso abriste las piernas”.

Justicia es que ningún hombre sea testigo de cómo su amigo maltrata a una mujer y lo justifique diciendo “está bien, para que se eduque”

Justicia es que nadie se vuelva a quedar callado por miedo o indiferencia si oye gritos pidiendo auxilio.

Justicia es que las mujeres se atrevan a denunciar cualquier maltrato o agresión, porque saben que cuentan con una red que las apoyará y que las autoridades nos les dirán que la culpa era de ellas, de donde y con quien estaban y cómo vestían.

Justicia es que no haya medio de comunicación que se atreva a filtrar imágenes sobre las víctimas.

Justicia es que no desaparezcan instancias como el Centro de Estudios Legislativos para la Igualdad de Género como lo está haciendo el Congreso de la Ciudad de México argumentando “austeridad”.

Justicia es que no haya Fiscal que se atreva a decir que es mejor eliminar el delito de feminicidio porque es muy complicado probarlo.

Justicia es que ningún presidente vuelva a decir que hay un buen humor social pese a la masacre que estamos viviendo.

Justicia es que nadie nos vuelva a llamar histéricas, mal cogidas y feminazis por expresar nuestra ira y protestar.

Justicia es que no nos maten. Porque ya no pueden.

@PaolaSaeb

Columna publicada en Animal Político.

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Opinión

El machismo que se ve y se ve doble en el funcionariado

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Efecto Mariposa

El machismo que sí vemos es todo aquel que se manifiesta a través de una violencia directa y que casi cualquier persona es capaz de identificarlo (aunque no necesariamente nombrarlo), esa violencia directa incluye los delitos y agresiones más extremas como son: feminicidios, violaciones, mutilaciones, golpes, abusos, agresiones físicas y/o verbales.

Hay otro tipo de violencias que se da de una manera mucho más “sutil” o menos “violenta”, se disfrazan y se escudan en la cultura, el arte, el humor, la ciencia, las leyes e incluso, en el amor.

Las manifestaciones machistas en el funcionariado público es un machismo que se ve y se ve doble, la primera vez como “vida privada” y la segunda vez como “política pública”. Primero en su espacio familiar o entorno inmediato y después en el ejercicio de sus funciones como servidor.

Las manifestaciones machistas del funcionariado no son cosas menores. No es algo que una disculpa pública a través de twitter solucione. Son manifestaciones de una idiosincrasia muy arraigada que lesiona gravemente el ejercicio pleno de los derechos humanos, sobre todo, de las mujeres.

El machismo debe estar erradicado del quehacer político, no porque un puñado de feministas así lo quiera, sino porque es una ideología que tiene consecuencias graves de lesa humanidad y hay suficientes argumentos o herramientas jurídicas que así lo dictan; pero para erradicar el machismo del quehacer político, también hay que erradicarlo del ámbito privado.

Las y los servidores públicos están obligados a ejercer, entre otras cosas, con perspectiva de género, ya que constantemente están tomando decisiones, revisando leyes, dirigiendo o dictando la política pública nacional. Sin embargo, la perspectiva de género no es un vestido que se pueda poner y quitar a discreción, es justo eso, una perspectiva que se vincula con la praxis. Es decir, si un senador (o cualquier otro funcionario), ejerce violencia machista (aunque disfrace su violencia de cultura, humor o amor), esa violencia difícilmente se va a desvincular de su quehacer como servidor público; porque, como expliqué en la columna pasada, el machismo se reproduce por un sistema de creencias, un sistema cultural que es el más difícil de desarticular.

Adquirir perspectiva de género no es fácil ni sencillo, antes que nada, hay que entender la necesidad de ella, reconocer el machismo, comprender las formas en las que se reproduce, pero principalmente, hay que tener mucha voluntad política para hacerla realmente efectiva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nancy Ortiz

Educadora y Socióloga

Twitter: @nancyortiz_

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Opinión

Oaxaca; estado de los niños esbeltos

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Universo Pyme

Eduardo Torreblanca

Será Oaxaca el estado de los niños más esbeltos de México; el Congreso local finalmente determinó hacer una adición a la ley que prohibirá la venta, suministro, obsequio de alimentos envasados a menores de edad de manera directa o por medio de máquinas distribuidoras o despachadoras de esos elementos de consumo siempre y cuando sean productos de alto nivel calórico y hagan daño a la salud a los pequeños.

Se procura así, luchar en contra de la obesidad infantil que tiene a México como el país número con los niños más gordos u obsesos del mundo. La población adulta pasa a segundo sitio entre adultos de las naciones en la tierra.

Noble misión, erróneo, muy erróneo el  enfoque.

En primera que tendríamos que reconocer es que el producto por sí mismo no es el enemigo a vencer, sino la falta de conciencia respecto a lo que el consumo exagerado de esos productos puede ocasionar en el organismo de un consumidor desmedido de estos y otros productos de alto nivel calórico.

Sería gravísimo que linchen a los refrescos gaseosos con alto valor calórico o a las papitas fritas o cualquier producto dentro de la rama de los monchis tronchis y dejemos al tamal libre de culpa o bien a la guajolota como alimento típico nacional libre de cualquier sanción.

Indebido que persigamos a los pingüinos y dejemos sin castigo a los chicharrones de harina que junto con una tortilla, crema y salsa, se venden al pie de las entradas de las escuelas a la hora de la salida.

La solución está en la educación, en la concientización a la población consumidora, de los padres, maestros, niños sobre todo.

No hace daño el consumo sino una combinación en la que el consumo, ciertamente desmedido, se acompaña con otras ingestas y entre ellas las que derivan de hábitos típicos como el consumo del tamal, o de la pizza (costumbre importada) o de las generosas hamburguesas con alto nivel de grasa o bien de los chilaquiles, enchiladas, pambazos, de las mismas tortas o de los tacos con grasa.

Todo se puede consumir con debida medida sobre todo si hay prácticas del deporte, si se consume suficiente agua y en la dieta hay minerales y vitaminas de forma natural por el consumo de frutas y verduras. Si el refresco es un antojo no pasa nada, nada si hay una bolsa de papas o una sola dona en alguna mañana. Malo que sea siempre refresco y todo alimento rico en grasas o en valor calórico.

En el camino de la torpeza que convierte delincuente al dependiente o dueño de una tienda de abarrotes se quedan 177 mil 954 tiendas de abarrotes o misceláneas que existen en el estado o bien en potencial jaque quedan los dos millones 227 mil de establecimientos de esta naturaleza en el país porque  es posible que usted no sepa que al amparo de la publicación de la nueva ley que tiene en sus manos el Gobernador de la entidad, ya los legisladores en Tabasco dicen que van a asumir voluntades similares.

Al estado noble y delgado de Oaxaca acompañará en un futuro el delgado estado de Tabasco.

Y las tienditas, que cumplen una importante función social en cualquier estado en el que se establezcan verán amenazadas sus cuentas si tomamos en consideración que el 60 por ciento de sus ingresos vienen de la venta de esos productos, de los envasados con alto valor calórico, de los refrescos, harinas procesadas, dulces, golosinas.

No quiero ver a don Pepe en la cárcel por delincuente al amparo de un niño oaxaqueño convertido en un ejemplo de la perfección en su estructura corporal.

No cabe duda , de que hay P… lo hay y algunos hasta legislan.

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Opinión

El machismo que no se ve

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Efecto Mariposa

Alguna vez se han preguntado ¿por qué es tan difícil erradicar el machismo? ¿Por qué a pesar de los avances en materia de género sigue habiendo feminicidios, violaciones, trata de personas (en su mayoría mujeres), desigualdad injusta y violencia contra las mujeres? A pesar de que hoy en día contamos con mayores recursos legales y herramientas institucionales, seguimos viviendo en una sociedad machista. Erradicar el machismo no es sencillo, tiene raíces muy profundas y maneras multiformes de manifestarse que, incluso, son difíciles de ver.
Las sociedades machistas están enmarcadas en lógicas patriarcales, donde las estructuras sociales, políticas, económicas, institucionales, pero sobre todo culturales, priorizan al hombre sobre la mujer. Es decir, el machismo es el resultado de un sistema. Un sistema que ha subsistido por años y que ha derivado en prácticas que colocan a las mujeres en una posición de desigualdad (y si no me creen a mí, busquen y créanle a las estadísticas).

La violencia contra las mujeres está sustentada en las estructuras culturales machistas. Es decir, el humor, los chistes que decimos y reproducimos, los refranes y dichos populares, el lenguaje que excluye a las mujeres, el arte, el cine, la literatura, la música, la poesía, la publicidad sexista, la industria cultural y sus estereotipo, la cultura popular y sus prejuicios, la educación sentimental, la forma de hacer ciencia y por lo tanto los resultados de la misma, la religión, la historia y la familia que reproduce las lógicas y prácticas de desigualdad, en fin; en todo eso y más hay un machismo que no se ve, un machismo que está presente pero a la vez ausente. Ausente porque se invisibiliza y cuando se invisibiliza, se normaliza, se acepta y se naturaliza.

El machismo más difícil de ver es el machismo simbólico, ese que ha logrado camuflarse de prácticas y costumbres, de discursos e ideología, de orden natural, de emociones y filosofía.

Erradicar el machismo en México y en el mundo, no es una tarea sencilla, es desarticular un sistema con lógicas muy arraigadas. Si bien es cierto, que hemos avanzado mucho, gracias a los movimientos feministas, también esa cierto que nos falta mucho camino por recorrer. Detectar las manifestaciones machistas en la cultura es nuestro primer y más difícil paso. Del machismo no se salva nadie, ni el hombre más bueno ni letrado, ni las mujeres y ni las propias feministas; porque es la forma de ser y estar que conocimos desde que nacimos. Desarraigarlo de nuestra praxis es una tarea ardua y un proceso necesario pero largo y casi individual. Las instituciones, públicas, privadas y sociales tendrían que ofrecer herramientas de utilidad que abonen a su erradicación. Lo que tenemos hoy día han sido pasos agigantados que se han dado en materia de derechos humanos e igualdad, pero hasta ahora siguen siendo insuficientes. No sólo requerimos de más herramientas legales, sino que requerimos trabajar más en las bases culturales y sociales, pues ahí es donde se sustenta y descansa todo el machismo.

 

 

 

 

 

 

Nancy Ortiz
Educadora y Socióloga
Twitter: @nancyortiz_

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