Cuatro líneas de investigación sobre cáncer de mama: UNAM

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Hay cuatro líneas de investigación sobre cáncer de mama, señaló la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En México, el cáncer de mama es la primera causa de muerte en mujeres en edad reproductiva. “Es el principal problema oncológico del país tratándose de ellas y desde hace unos ocho años superó al cáncer cervicouterino. Todos los días fallecen entre una y dos mujeres por este motivo”, afirmó Alejandro Zentella Dehesa, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm).

Aunque la enfermedad se ha visibilizado, ha recibido más atención y hay mejores esquemas de tratamiento gracias a una clasificación universal de los subtipos de cáncer, la mortalidad en nuestra nación no ha disminuido significativamente, reconoció a propósito del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, que se conmemora hoy 19 de octubre.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo cada año se producen 1.38 millones de nuevos casos y 458 mil decesos por este mal. La incidencia se ha elevado en los países de ingresos bajos y medios, por el aumento de la esperanza de vida y de la urbanización, así como a la adopción de costumbres occidentales.

Para la OMS, los conocimientos actuales sobre las causas del cáncer de mama son insuficientes, por lo que la detección precoz sigue siendo la piedra angular en la lucha contra este padecimiento.

Cuando se descubre tempranamente, se establece un diagnóstico adecuado y se dispone de tratamiento, las posibilidades de curación son altas. En cambio, cuando se detecta tardíamente es raro que se pueda ofrecer un procedimiento curativo. En tales casos son necesarios cuidados paliativos para mitigar el sufrimiento del paciente y sus familiares.

Generación de conocimiento

En la UNAM hay el Programa Institucional de Cáncer de Mama, cuyo principal objetivo es trasladar el conocimiento que se genera en los laboratorios del IIBm (en Ciudad Universitaria y en sus sedes periféricas de los institutos nacionales de salud) al área clínica en los hospitales.

“Es común que los estudios básicos se realicen en cultivos de células o en modelos de ratones; pero la traslación a los humanos no se puede hacer si no se tiene la colaboración de médicos clínicos que estén viendo pacientes, por eso practicamos la medicina traslacional, que va del laboratorio a la clínica y viceversa”, precisó Zentella.

Explicó que, hasta ahora, la UNAM ha ejecutado cuatro líneas de investigación para el cáncer de mama desde el nivel más básico.

La primera fue establecer una relación entre el cáncer de mama y alteraciones metabólicas ligadas a la obesidad y al sobrepeso, estudio en colaboración con la Clínica de Trastornos de la Alimentación y Obesidad del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ).

“Hemos encontrado que mujeres con sobrepeso y obesidad que empiezan a tener problemas con la respuesta a la insulina y toman un medicamento llamado metformina, desarrollan un suero neutralizante del tumor en un bioensayo que tenemos montado in vitro”, comentó Zentella, también coordinador de la Unidad de Bioquímica del INCMNSZ.

Esto es relevante porque desde hace 10 años se sabe que la metformina protege a algún grupo de mujeres con sobrepeso para el desarrollo de cáncer de mama, y se ha visto que el grupo que se beneficia son pacientes con una sintomatología diabética. “En ellas la administración de dicho medicamento puede tener un efecto preventivo, que es una de las metas más ambiciosas del tratamiento del cáncer”, añadió.

La segunda línea de indagación que logró una traslación muy eficiente es respecto al cáncer de mama más común, que responde a hormonas. “El laboratorio de Alfonso León del Río (también del IIBm) ha identificado varias proteínas asociadas al receptor de las hormonas femeninas. Una de ellas hace que las células en el laboratorio se vuelvan resistentes al tratamiento clásico, que es un inhibidor.

“La expresión de esa proteína en modelos animales era de muy mal pronóstico y se comenzó a probar en pacientes por primera vez. En colaboración con el grupo de Raquel Gerson en Oncología del Centro Médico ABC, los hallazgos muestran que esta proteína se expresa normalmente en la mama (algo que no se sabía) y comienza a tener una distribución aberrante cuando se asocia a cáncer”, abundó.

Zentella agregó que se ha encontrado un subgrupo de pacientes en los que la proteína se está expresando en forma anómala. Ahora se quiere hacer un estudio prospectivo en mujeres con diagnóstico nuevo de cáncer para buscar esta proteína y los receptores.

“Se les daría un seguimiento muy particular a estas pacientes, que si expresan la proteína, no serían candidatas a un tratamiento clásico porque serían resistentes”, indicó el científico.

Dos más…

La tercera línea de estudio es una aproximación moderna al cáncer. Se trata de reactivar al sistema inmune, para que las células de éste maten al tumor.

“El tumor aprende el idioma del sistema inmune y lo engaña, le hace creer que es parte del cuerpo y entonces el sistema inmune apaga sus mecanismos de destrucción en contra del tumor”, apuntó el científico.

Pero las células que son capaces de matar al tumor siguen estando ahí. La inmunoterapia, que es la frontera de la inmunología, se sustenta en reactivar a esas células.

“Leticia Rocha (también del IIBm) halló que las células tumorales expresan una molécula que está asociada al apagamiento del sistema inmune. Es algo muy novedoso que podría servir como un marcador para seleccionar a las pacientes que pudieran recibir inmunoterapia”, señaló.

La cuarta línea de investigación tiene que ver con prevención. “La forma hereditaria del cáncer de mama se debe a mutaciones que portamos los humanos y que nos hacen susceptibles a desarrollar la enfermedad”, detalló Zentella.

Gerson y Lenny Gallardo (del ABC) con María Teresa Tussié, del IIBm, hacen análisis genético de pacientes que tienen antecedentes para identificar cuáles son las mutaciones.

“Habiendo hecho esto se da un plan de seguimiento para identificar a los familiares que pueden ser portadores de estas mutaciones y que aún no han desarrollado cáncer de mama, para prevenir que les dé la enfermedad”, concluyó Zentella.

Este cáncer siempre se origina por una anomalía genética, pero sólo de cinco a 10 por ciento de los casos son producto de una anomalía heredada de la madre o el padre; en cambio, entre 85 y 90 por ciento tiene su origen en “errores” en el material genético vinculados al proceso de envejecimiento y el “desgaste natural” de la vida.

Estas cuatro líneas siguen en investigación por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en sus estudios sobre el cáncer de mama.

Como medida de detección oportuna se sugiere que todas las mujeres mayores de 25 años exploren sus mamas después de menstruar, palpándose; ante la presencia de una bolita, algo extraño, se debe acudir a evaluación médica. En mujeres mayores de 40 años y menores de 50 años con antecedentes familiares de la enfermedad, una mastografía cada dos años.

Para disminuir riesgos sobre este padecimiento, se recomienda practicar la lactancia materna por más de 12 meses; consultar a su médico sobre el uso de anticonceptivos orales, y llevar una dieta rica en frutas y vegetales por su alto contenido de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes.

Además, reducir al mínimo el consumo de grasas, azúcar y alcohol; mantener un peso adecuado y realizar actividad física al menos 30 minutos al día.

Con información de Gaceta UNAM https://www.unam.mx/