De la violencia en el aula a la agresión cibernética

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De la violencia en el aula a la agresión cibernética.

• El acoso escolar se presenta con mayor incidencia en personas de 11 a 15 años de edad: Milagros Figueroa Campos, de la FP
• Nelia Tello Peón, de la ENTS, considera que con la nueva modalidad de aprendizaje se requieren renovadas formas de relacionarse
• El 30 de enero se conmemora el Día Escolar de la no Violencia y la Paz

La violencia en la escuela comienza como una broma inocente, un hecho que puede causar un momento de risa entre compañeros; poner un sobrenombre, mofarse de la apariencia física, agredir corporal y verbalmente se volvieron prácticas constantes en los salones de clase.

Aunque podría pensarse que esos actos quedaron atrás porque ahora la enseñanza se imparte a distancia, lo cierto es que prevalecen a través de los medios digitales, donde el ciberacoso adquirió mayor importancia.

De acuerdo con datos arrojados en 2019 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en materia de bullying en educación básica nuestro país ocupa el primer lugar a nivel internacional, es decir, más de 18 millones de estudiantes de primaria y secundaria sufrieron violencia escolar.

“El acoso escolar o bullying es un comportamiento deliberado y repetido en el tiempo para dañar a otra persona y ocurre en un contexto interpersonal, involucrando un desequilibrio de fuerza o poder. Se puede iniciar como un incidente en el aula o espacio escolar y la víctima comienza a ser objeto de burlas, apodos, exclusión social y frecuentemente de violencia física”, afirma Milagros Figueroa Campos, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

En otros casos, agrega, el agresor puede seleccionar a su víctima por ciertas características. El acoso escolar se presenta con mayor incidencia entre preadolescentes y adolescentes, es decir, entre los 11 y 15 años de edad.

En ocasión del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, que se celebra el 30 de enero, señala: como consecuencia de este fenómeno las víctimas podrían empezar a desarrollar reacciones de tipo psicológico (ansiedad, insomnio, llanto, tristeza); psicosomáticas (dolores de cabeza o de estómago) y escolares (bajo rendimiento y ausentismo).

Existe también el ciberacoso, que es la violencia ejercida a través de medios electrónicos, se presenta desde hace tiempo pero se intensificó durante la pandemia por la COVID-19; es algo que nunca termina: en internet o en redes sociodigitales los jóvenes son intimidados, se publican sus fotografías que incluso ignoraban que se las habían tomado, o escriben mensajes denigrantes, situación que los obliga a cambiar el número de su celular o cuentas en las plataformas virtuales.

“Lo que se ha encontrado en el ciberacoso es que existen muchas humillaciones, violencia de tipo sexual derivada del género, burlas hacia el aspecto físico, la gente se reúne para generar chismes de otras personas a través de las redes sociodigitales, y genera información falsa sobre otra persona; comienzan a atacarla en cuanto a su prestigio y todo esto va haciendo que las víctimas tengan realmente episodios de estrés agudo, de mucha ansiedad y falta de sueño”, argumenta.

Figueroa Campos explica que un rasgo del perfil de un agresor es que no se identifica así mismo como tal, a pesar de que los demás lo ubican así; para él su conducta es normal, porque es “una broma” o “así se lleva” con ciertas personas. Son individuos que crecen generalmente en ambientes donde la violencia se vive como algo “normal”, por lo que son impulsivos, impacientes y aprendieron a ganarse algo peleando o demostrando superioridad.

También se encontró que algunos agresores pueden detectar a sus posibles víctimas: individuos tímidos, aislados socialmente, sumisos, o bien, con alguna “diferencia” que puede ser étnica, discapacidad física, escolar, entre otras características.

La no violencia

“La convivencia, siempre a través del tiempo, ha implicado violencia, una que algunos suelen calificar como necesaria cuando se lucha por los derechos humanos, una ideología de emancipación o por salvar a un ser humano. Es importante reconocer que la violencia siempre tiene el mismo significado, aunque sus expresiones son distintas”, asegura Nelia Tello Peón, académica de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM.

Para referirse al concepto de “violencia”, cita a la filósofa universitaria Juliana González quien asegura que es como una fuerza que impone, que destruye, que arrasa a lo humano y a la posibilidad de ser. La especialista explica que en trabajo social estudian la violencia a partir de un enfoque relacional, es decir, una relación de dominio y sumisión.

“El Día Escolar de la No Violencia y la Paz es un momento de reflexión, en el que se reconoce que todavía tenemos mucho que trabajar por una convivencia solidaria, porque en muchos actos de nuestra vida diaria se presenta la violencia. Desgraciadamente somos considerados como un país donde hay mucha violencia y al inicio nos ofendía, pero ahora nos duele, porque quizá ésta ya se haya naturalizado”, puntualiza.

Para evitar asumir este fenómeno como algo “natural”, menciona que es necesario entender que somos responsables y se deben cambiar los comportamientos que la involucran, porque de otra manera la sociedad seguirá desigual, con las mismas jerarquías donde el dominio está institucionalizado.

“Las personas somos vulnerables, pero a veces nos vulneramos más los unos a los otros y la violencia se da más hacia el débil. Por tanto, aquí es cuando aprendemos a relacionarnos de una manera violenta”, revela Tello Peón. Y agrega: esto en un salón de clases se ve reflejado en acciones pequeñas que van escalando y se vuelven más grandes hasta hacerlas colectivas.

“En el momento que comenzamos a dar clase de manera virtual surgió una nueva problemática, porque esta modalidad implica una organización social distinta que también tenemos que aprender a manejarla. Al hablar de violencia escolar generalmente se habla de agresión entre estudiantes y poco de la relación de maestro-alumno, en la que también se llega a dar maltrato por ambas partes”, asevera.

En ese sentido, la también coordinadora del Seminario Universitario Interinstitucional sobre la Violencia Escolar (SUIVE) de la UNAM estima que con esta nueva modalidad de aprendizaje se deben realizar más estudios, a fin de analizar la socialización, en la cual se podrían intentar nuevas formas relacionales con espacios abiertos que ayuden a mejorar la convivencia y los estudiantes puedan reconocer al otro.

Acciones contra la violencia

Al continuar, Milagros Figueroa Campos destaca que para evitar el acoso escolar es importante que los padres de familia estén cercanos a sus hijos. En estos momentos de pandemia existe esta posibilidad y, sobre todo, de buscar oportunidades para comunicarse y relacionarse entre los miembros de la familia.

“Hablar de una comunicación entre padres e hijos no se trata de interrogarlos, sino de una charla cotidiana y amena en la que los adultos escuchen a sus hijos sobre lo que sienten, sus intereses, motivos, dudas, preocupaciones y lo que piensan. Es fundamental abrir espacios de comunicación en casa y en la parte escolar también, de tal manera que se dé una mejor convivencia entre niños, jóvenes y adultos”, sostiene.

Para la especialista, hoy en día los padres y profesores deben tener más cuidado en los contenidos que ven los estudiantes a través de las computadoras, teléfonos celulares o tabletas, a fin de evitar que se pongan en riesgo.

A su vez, Nelia Tello Peón refiere que hay avances en materia de violencia al reconocerla cuando hay destrucción o sangre y en otro tipo de expresiones cotidianas, como el acoso físico o cibernético escolar. Sin embargo, donde aún falta progresar es en ir más allá del discurso, en los hechos.

“Para lograr una socialización certera basta con dialogar y comprender, que no señalemos, sino que seamos capaces de analizar y quedarnos con lo que nos funcione para relacionarnos con los demás. Creo que la relación alumno-profesor es un reto grande, pero puede ser positivo si usamos el aprendizaje para humanizarnos”, subraya.

Es momento, dice, que la violencia en general se entienda como tal y en vez de contar el número de agresiones que ocurren diariamente en México, accionar para romper con esa cadena desde la casa hasta la escuela.

La celebración

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), a partir de 1964 el Día Escolar de la Paz y la No violencia se celebra el 30 de enero de cada año, ya que se relaciona con el aniversario de la muerte de Mahatma Gandhi (India, 1869-1948), líder pacifista que defendió y promovió la no violencia y la resistencia pacífica frente a la injusticia.

Para este activista y político hindú, la paz era una postura para evitar conflictos y el único camino que debían recorrer los seres humanos a fin de evitar daño e injusticia en el mundo.

Esta celebración fue reconocida por el Ministerio de Educación y Ciencia de España mediante la Orden Ministerial del 29 de noviembre de 1976, pero fue establecida oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hasta 1993.

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Con información de UNAM https://www.unam.mx/