Enfrenta Grupo Mundo Maya denuncia por acoso sexual contra un general del Ejército

Ciudad de México, 20 de octubre de 2026.- Cuando Ángela empezó a trabajar con militares pensó en lo “disciplinados” que eran, en que “con ellos” iba a estar bien. No lo podía saber entonces, dice, pero se equivocaba. Gestora cultural, había estudiado y trabajado en México, España y Brasil, había publicado un libro y organizado exposiciones internacionales. Tenía 36 años cuando le propusieron entrar a Grupo Mundo Maya, el poderoso brazo empresarial del Ejército en México. “Nosotros no sabemos hacer museos y usted es la experta”, fue la invitación que recibió de los militares en mayo de 2023. En el camino fue enlace en una subdirección, apoyo en una gerencia y también cabeza de área. Hasta que el 28 de junio de 2026, Ángela denunció por abuso sexual al general Adolfo Héctor Tonatiuh Velasco, quien era en ese momento director general del grupo. “Comparezco para presentar denuncia por acoso sexual, hostigamiento laboral, violencia laboral, discriminación, abuso de poder y posibles represalias en mi contra”, se lee en la demanda ante la Fiscalía del Estado de México. Dos días después, fue despedida.

Ángela tiene todo preparado cuando recibe a EL PAÍS en su departamento de Ciudad de México: los documentos originales y las copias, de la denuncia, de su nombramiento, del accidente que sufrió en el aeropuerto Santa Lucía y del que se estaba recuperando cuando la echaron; también los archivos de los proyectos que realizó dentro de Mundo Maya, del aviso a sus superiores de la situación de acoso sexual, de los amedrentamientos en público que recibió del general Velasco, de su despido en menos de un minuto en Recursos Humanos.

La trabajadora se mudó a esta vivienda sencilla en la capital, llena de plantas, por el “miedo” a las represalias del director general. Ángela es un nombre ficticio y en este reportaje se omite detallar los cargos y proyectos que ocupó en los tres años que estuvo en las entrañas de la empresa clave de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Grupo Mundo Maya ha contestado, después de la publicación de este reportaje, que “no tiene constancia” de la denuncia porque “carece de competencia para investigar formalmente los hechos”. “Este Grupo Mundo Maya no ha iniciado ninguna investigación sobre estos hechos, ya que no cuenta con atribuciones legales para ello”, ha señalado la compañía, que obvia el papel de su Órgano Interno de Control (OIC), al que Ángela presentó el 29 de junio la denuncia. La Secretaría de la Defensa no ha contestado las preguntas de este periódico. No se logró localizar al general.

La compañía, formalmente inscrita como GAFSACOMM (Grupo Aeroportuario, Ferroviario y de Servicios Auxiliares y Conexos, Olmeca, Maya, Mexica), se creó en 2022. Su propósito era administrar aeropuertos, hoteles, parques turísticos y estaciones de combustible del Ejército. “Este grupo mal que bien camina y es el más grande de las cuatro empresas y nadie lo sabe, nadie está consciente”, dijo el general Velasco, como director general, en una reunión interna este año. “Si ustedes alguna ocasión ven las redes sociales, se darán cuenta que el grupo no es atacado mediáticamente como lo son las otras empresas”, reconocía, en comparación con el Tren Maya, Mexicana de Aviación y el AIFA, también controlados por la Sedena. En Grupo Mundo Maya, cifró el funcionario, estaban trabajando en febrero de este año 950 personas.

Ángela entró a mitad de 2023, en el gran momento de los proyectos militares en México. Para entonces, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya había convertido al Ejército en el gestor de sus obras estrella. El Tren Maya se traspasó en septiembre a la Secretaría de la Defensa, como ya había sucedido con una veintena de aeropuertos o con la construcción de los Bancos del Bienestar. “Yo estuve pensando, para que no se privatice, ¿a quién se lo quitarían con más dificultad o quién lo defendería más?”, reconoció el mandatario a bordo del tren, durante su estreno: “No es militarizar, es dejar un bien nacional a cargo de una institución que actúa con disciplina″.

“Si quiere, vamos a cenar”

Adolfo Héctor Tonatiuh Velasco fue nombrado director general de Grupo Mundo Maya en enero de 2025. Venía de ser director en la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Guardia Nacional y antes había estado, como general de división del Estado Mayor, adscrito a la dirección general de personal de la Sedena, y todavía antes, como comandante en Chiapas y Colima. Ángela recibió un ascenso un mes y medio después de que él llegara por sus “conocimientos, dedicación y profesionalismo”. “Reiterándole que este Grupo Aeroportuario forma parte de los proyectos prioritarios del Gobierno Federal por lo que el cargo asignado requiere de un compromiso permanente”, se lee en el documento firmado por el general Velasco.

A mitad de abril de 2025, el director la llamó a su oficina. La felicitó por su última propuesta pero le aclaró que no había recursos para llevarla a cabo. “Era la excusa”, apunta Ángela que relata así la conversación que siguió:

—Está perfecto, usted me dice qué sigue.

—Pues si quiere vamos a cenar.

—No, no, no, general, no se preocupe.

—No, insisto.

—Ok, le voy a decir a mi esposo.

“Se rió y me dijo: ‘Ya sé que es divorciada’. Entonces, ahí vuelven estos demonios de ‘otra vez’, después de dos años de estar en paz”, apunta la trabajadora, que sufrió abusos cuando era menor de edad. Ángela tenía en ese momento 38 años y él unos 25 más que ella. “Yo le dije: ‘Le voy a ser sincera. No me gustan los viejos. No se confunda. Con permiso’. Y me salí. Pero iba temblando, en shock. Después de ahí empezaron los cambios”, recuerda: “Empezó el hostigamiento laboral. Me empezaron a dejar atrás, a excluir hasta de reuniones donde yo estaba convocada. Fue una restricción total”. Ángela señala que lo verbalizó, pero que sus superiores le advirtieron: “Él está enojado con usted y no quiere que se involucre en nada”.

A final de junio de 2025 buscaron despedir a su hermano, que también trabajaba en Mundo Maya. Preguntó a qué se debía y le dijeron que el general Velasco quería que ella fuera a hablar con él. “Me lo encontré en el estacionamiento y pensé ‘por favor, por favor’. Yo veía el morbo con el que me veía. ‘Maestra, ya supe lo de su hermano, todo fue un malentendido’. Se acercó y empezó a acariciarme el hombro. Así reiteradamente. Me congelé. Y me dijo: ‘Ya ordené que se reincorpore, todo lo que necesite, por favor, tenga la confianza. Aquí estoy’. A mí me dio vómito ese día”. Se pasó lo que quedó de año “aislada completamente”.

Dos días de enero

Cada ciertos meses, relata Ángela, el general Velasco esperaba en la entrada del estacionamiento del personal de la base militar de Santa Lucía, en Zumpango, donde Grupo Mundo Maya tiene su sede, para saludar a sus trabajadores personalmente. El lunes 26 de enero de 2026 quería celebrar que llevaba un año en la empresa. A las 8.50 horas, Ángela estaba entrando al corporativo cuando le pidieron que esperara al general. Ella bajó la ventanilla. “Él se metió hasta el carro y me jaló de tal forma que si yo no me quito me besa la boca. Agarró la comisura de mis labios. Yo llevaba un vestido y vi cómo se me quedó viendo. Me sentí tan impotente y frustrada”. Ese día y al siguiente no pudo parar de vomitar.

Avisó a su superior de que no podía trabajar y relató por qué: “Pasó algo en la mañana, este señor me besó en la comisura de mis labios y traigo una repulsión nefasta”. No era la primera ni sería la última vez que avisara del acoso. Ángela cree que el subdirector de su área trató “siempre” de defenderla pero que también fue “condescendiente”: “Me decía: ‘Que no la vea el general, que ya anda obsesionado con usted”.

El miércoles 28 de enero volvió a trabajar y se encontró al general Velasco en el pasillo principal. Ella estaba con otra compañera. “Se acerca otra vez y otra vez me jala y otra vez en la comisura, pero esta vez fue más para acá [señala hacia el centro de la boca]. Me quedé en shock, mi compañera me preguntó ‘¿estás bien?’. Le dije: ‘No’. Me fui a vomitar al baño, otra vez empezó la diarrea y me fui al doctor”. En este punto, Ángela enseña las recetas médicas firmadas en cada uno de esos días. En la denuncia en la Fiscalía del Estado de México, la trabajadora hizo constar: “Dicha conducta ocurrió sin mi consentimiento, dentro de un entorno laboral y siendo realizada por la máxima autoridad de la institución”. En la entrevista dice: “Me sentí tan vulnerable, tan insegura. Se me empezó a caer el cabello. Tenía ansiedad y paranoia de que me estaban siguiendo. Me mudé acá”.

Los avisos

Ángela muestra las comunicaciones en WhatsApp y las llamadas que hizo a sus superiores esa misma semana para advertir de lo que le había pasado. Avisó que iba a buscar atención psicológica y que iba a denunciar al director general. Dice que le recomendaron que no lo hiciera, que los dejara lidiar a ellos con él. El 3 de febrero, Tonatiuh Velasco llamó a una reunión interna, y frente al representante del Órgano Interno de Control, comunicó que iba a hacer restructuración de personal. “Aquí lo que tenemos son muchos jefes y todo el mundo quiere mandar”, señaló: “Se lo quiero transmitir porque sé que traen algunos temas, sí, me entero. Me entero de lo que pasa en Nogales y hasta en Chetumal”. Después mencionó que no iban a lograr que se peleara con el subdirector, justo al que Ángela había comunicado el abuso: “Si su intención es enemistarme con él, olvídenlo. Los invito a que sigan trabajando porque les estamos pagando y no yo, los ciudadanos”.

Tras esa reunión, Ángela afirma que se sintió directamente amenazada, supo que iba a perder su trabajo. A los meses, ese mismo subdirector por el que se había sentido protegida fue traspasado de vuelta a la Sedena: “Si él se va, a mí me va a tragar”. En mayo tuvo un accidente laboral en la gravilla del aeropuerto y por el que estuvo incapacitada un par de semanas. Y a final de junio, después de lo que consideró un nueva ataque hacia su hermano, se decidió a ir a denunciar.

En la demanda del 28 de junio identificó los nombres de los superiores que le indicaron que mantuviera “un bajo perfil” para “cuidarse y evitar que el general Tonatiuh se involucrara” con ella. Solicitó a la Fiscalía del Estado de México que se garantizara que ella no iba a ser represaliada laboralmente. Al día siguiente mandó una copia de la denuncia al Órgano Interno de Control de Grupo Mundo Maya.

El 30 de junio recibió una llamada para presentarse en la oficina de Asuntos Laborales: “Con fecha 30 todos terminamos nuestro contrato y ya no vamos a poder continuar con esta renovación”. “¿Y cuál es el motivo?”, se oye preguntar a Ángela. “Término de contrato”. “¿Pero cuál es el motivo?”, insiste. ”Así viene en la ley”. “Pues es que ya tengo tres años y medio aquí y nunca me habían hecho eso”, apunta. “Es una facultad el poder continuar con la renovación o ya no. Así viene en la ley como término de contrato”. “Más bien yo creo que es por el hostigamiento sexual y laboral por parte del general Tonatiuh. Yo no voy a firmar nada”, reclama Ángela. “No, bueno, mi función es comunicarte”.

En menos de un minuto, el encuentro ha finalizado. A partir de ahí, la trabajadora mezcla el alivio de salir de la zona militar con la frustración: “Había pasado de tener el respeto a mi trabajo a ser un objeto, porque así me sentí, un objeto de si no me abres las piernas, no vas a seguir”.

No hay muchos datos oficiales de violencia sexual dentro del Ejército. En el programa de Derechos Humanos de la Sedena, publicado en el Diario Oficial de la Federación, se recoge que su Oficina de Atención y Prevención del Hostigamiento y Acoso Sexual atendió 294 casos del 2013 al 2020, lo que convirtió en uno de los cuatro objetivos prioritarios de la Secretaría de la Defensa: “Implementar mecanismos efectivos en la investigación de la violencia contra la mujer”. Esa cifra pública es solo la punta del iceberg.

En la filtración masiva de correos del Ejército por el grupo de hackers Guacamaya, en 2022, EL PAÍS revisó más de 1.000 archivos donde se registraban decenas de abusos sexuales cometidos por parte de cargos superiores a subalternas y a civiles, a veces en grupo, otras con prácticas de tortura, que la Secretaría había registrado en estos años, pero que había mantenido en secreto y con apenas medidas para enfrentarlo.

Adolfo Héctor Tonatiuh Velasco dejó su puesto de director general el 30 de junio, el mismo día que despidieron a Ángela. Según la Secretaría de Buen Gobierno no ha entrado en ningún otro puesto público. Ángela tampoco. Ni público ni privado. Tampoco ha recibido ningún avance en la investigación del abuso sexual: “Yo lo que quiero que escuchen mi voz. Yo quiero que esto no se repita”.

Fuente: El País

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