Por: Nancy N. Nieva
El edadismo, o discriminación por razón de edad, se ha convertido en una Brecha Profunda entre la Ley, la Ciencia y la realidad.
Llegando a ser una de las barreras más invisibles y persistentes en el mercado laboral mexicano.
Esta práctica perjudicial opera en dos extremos del espectro demográfico, creando un ciclo de exclusión que afecta tanto a los jóvenes que buscan su primera oportunidad como a los adultos mayores que desean mantenerse activos profesionalmente.
La doble cara del edadismo
En la práctica, el edadismo contra los jóvenes se manifiesta en la paradójica exigencia de «experiencia comprobable» para puestos de nivel inicial, vacantes diseñadas específicamente para personas que están dando sus primeros pasos en el mundo laboral.
A ellos se les niega el acceso al mercado bajo el pretexto de que no tienen trayectoria, ignorando que la única forma de adquirir dicha experiencia es precisamente a través de la contratación.
Esto crea un círculo vicioso donde los jóvenes de 20 a 25 años son descartados automáticamente, mientras las empresas normalizan prácticas de explotación encubierta mediante «prácticas profesionales» no remuneradas.
Por otro lado, los adultos de 40 a 60 años enfrentan un muro igualmente sólido basado en el estereotipo infundado de que ya están grandes para aprender o que carecen de la energía necesaria para laborar, sin contar que no quieren lidiar con los achaques de la edad.
Esta premisa es falsa; millones de profesionales en este rango de edad gozan de excelente salud, están mentalmente activos, poseen una invaluable experiencia y, de hecho, su adaptabilidad suele ser mayor gracias a su madurez profesional.
La evidencia científica desmiente los prejuicios
La neurociencia y la psicología cognitiva han demostrado que el cerebro no tiene un único «pico» seguido de un declive inevitable.
En realidad, diferentes habilidades cognitivas alcanzan su punto máximo en distintas edades.
Uno de los errores que se comete radica en la falsa oposición entre la Inteligencia Fluida (asociada a la agilidad mental de la juventud) y la Inteligencia Cristalizada (fruto de la experiencia y el conocimiento acumulado), tratándolas como si fueran excluyentes en lugar de habilidades complementarias.
Mientras la inteligencia fluida (velocidad de procesamiento y memorización a corto plazo) alcanza su pico alrededor de los 20 años, la inteligencia cristalizada (capacidad de usar el conocimiento, el vocabulario, la experiencia y el aprendizaje acumulado) sigue creciendo y alcanza su máximo esplendor entre los 40, 50 e incluso los 60 años.
Un estudio masivo de investigadores del MIT y Harvard (Hartshorne y Germine, 2015), publicado en Psychological Science, analizó a casi 50,000 personas y demostró que la capacidad para evaluar estados emocionales, la comprensión social y el dominio del vocabulario alcanzan su pico entre los 40 y 50 años.
Investigaciones de la Universidad de Waterloo
Los estudios de esta universidad destacan que las personas en este rango de edad superan a los jóvenes en razonamiento sabio, estas personas de edad adulta ven el panorama completo, reconocen los límites de su conocimiento y gestionan mejor los conflictos complejos.
El argumento de que un adulto de 45 años no puede aprender cosas nuevas con la facilidad de un joven es científicamente falso.
Los estudios sobre neuroplasticidad confirman que el cerebro adulto sigue siendo totalmente capaz de crear nuevas conexiones neuronales.
La diferencia no es la capacidad, sino la estrategia de aprendizaje ya que mientras un joven puede aprender por ensayo y error, el adulto conecta la nueva información tecnológica con su vasta red de conocimientos previos, lo que a menudo resulta en una comprensión más profunda, estratégica y aplicable al negocio.
La desoladora realidad del reclutamiento
La realidad del reclutamiento en México es desoladora, pues se estima que alrededor del 90% de las vacantes publicadas en portales de empleo aplican filtros etarios explícitos o implícitos, descartando de entrada a personas de 35 o 40 años en adelante, y ni hablar de los mayores de 50.
A pesar de estar en plenitud de sus capacidades, estos candidatos son descartados por un simple número en su currículum.
Las cifras oficiales son alarmantes
– El 38% de las personas ha enfrentado discriminación por edad en el trabajo, según el estudio de Tendencias de Talento 2025 de PageGroup
– El 61.6% de la población de 60 años y más indicó haber sido discriminada o menospreciada por su edad en los últimos doce meses
– Solo el 1.8% de las personas mayores de 65 años trabaja activamente en el país
– El grupo de 30 a 39 años es el más favorecido en el mercado laboral mexicano; a partir de los 40 años, las probabilidades de encontrar empleo caen drásticamente
El marco legal es claro pero ignorado
Desde el marco legal, esta práctica es totalmente ilegal, el Artículo 1º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prohíbe toda forma de discriminación.
Específicamente, la Ley Federal del Trabajo (LFT), en su Artículo 3º, establece que no podrá discriminarse a los trabajadores por motivos de origen étnico, nacionalidad, género, edad, discapacidad, condición social, entre otros.
Además, el Artículo 133, fracción XII, prohíbe expresamente a los patrones rehusar la aceptación de trabajadores como aprendices o rehusar la aceptación de trabajadores por razón de edad o de cualquier otro criterio discriminatorio.
A pesar de esta clara prohibición, los datos reales reflejan una aplicación deficiente de la norma.
Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) realizada por el CONAPRED, la edad es uno de los motivos más frecuentes de exclusión laboral percibida por la población.
Las cifras indican que una proporción alarmante de personas mayores de 50 años considera que su edad es el principal obstáculo para conseguir empleo.
La contradicción gubernamental
¿Se ha hecho lo suficiente para corregir esta mala práctica? La respuesta es no.
Existe una contradicción fundamental, pues mientras se legisla contra el edadismo, el gobierno federal implementa programas exclusivos para jóvenes.
El programa Jóvenes Construyendo el Futuro, por ejemplo, beneficia exclusivamente a jóvenes de 18 a 29 años que no estudian ni trabajan, y desde 2019 ha beneficiado a más de 3.3 millones de jóvenes.
El problema es que no existe un programa equivalente para personas mayores de 35-40 años que buscan reconversión laboral o reingreso al mercado.
La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) rara vez sanciona a las empresas que publican vacantes con rangos de edad ilegales (por ejemplo, se solicita candidato de 25 a 35 años), normalizando la infracción.
Las campañas de concientización son escasas y no existen incentivos fiscales reales para las compañías que adopten políticas de contratación inclusiva y multigeneracional.
Hacia soluciones reales
Para erradicar el edadismo, México necesita pasar del discurso a la acción:
Y como se lograría esto, pues haciendo el uso real de la ley, aplicando multas severas a las ofertas de empleo discriminatorias y auditorías regulares a procesos de reclutamiento, también se podrían incluir programas inclusivos multigeneracionales de capacitación y recolocación para personas de 40-65 años, equivalentes a los programas juveniles
De igual forma se pueden dar Incentivos fiscales creando así beneficios reales para empresas que contraten personas mayores de 45 años
Se debe crear una cultura de diversidad etaria, valorando así la experiencia como un activo de productividad y estabilidad, no como un pasivo.
Las empresas que descartan talento por tener más de 40 años no solo están incurriendo en una práctica ilegal y discriminatoria, sino que cometen un error estratégico grave ya que están desechando precisamente la etapa en la que el cerebro humano es más sabio, equilibrado, analítico y emocionalmente estable.
Mientras la experiencia y la juventud se sigan viendo como mutuamente excluyentes, el mercado laboral mexicano seguirá desperdiciando un inmenso capital humano en un momento donde el país enfrenta un envejecimiento poblacional acelerado.
Fuente: Revista Tuk
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