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Por Eduardo De Luna

El día de hoy reabrieron por mandato judicial la entrada de automóviles al malecón Tajamar en Cancún, si recuerdan, este espacio de manglares empezó a ser devastado por empresarios que tenían la intención de construir grandes edificios y hasta una iglesia, la ciudadanía se opuso rotundamente.
Posterior a eso, ciudadanos montaron guardias para evitar que entraran vehículos y se empezara a reestablecer el mangle, una especie de reparación del daño ya que las autoridades no resolvían. Lo han ido logrando.
Hoy, se reabre la circulación y se hizo una limpieza de la zona por el municipio de Cancún, de repente, decenas, tal vez más de cien personas estuvieron en este lugar que fue cuidado casi 4 años por ciudadanos para que se pudiera recuperar el mangle.
¿Qué sucederá a partir de hoy? nadie lo sabe, las autoridades afirman que respetarán el manglar.

Estaremos observando y documentando.

Les dejo este video que grabé en aquel enero de 2016 en que ciudadanos conscientes cerraron el paso para evitar una mayor devastación.
Para recordar…

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Opinión

Los negacionistas, los trenes y la 4T

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Víctor M. Toledo
Miércoles 26 de febrero, 2020

Negarse por negarse sin examinar lo que se niega es políticamente tan absurdo como inservible. Más aún cuando no se propone nada, ni alternativo, ni novedoso, una sola proposición original.

Negar por negar los avances de la 4T se ha convertido en obsesión (en deporte) de los grupos radicales de derecha, pero también de un grupo de articulistas de La Jornada y otros medios, estos últimos amigos o conocidos de quien esto escribe, cancelando la posibilidad de analizar, dialogar y debatir, cuando las fuerzas conservadoras que cohabitan en el gobierno llevan a cabo una intensa y sórdida guerra de posiciones, y cuando la derecha, sin recato, convoca al Ejército a dar un golpe de Estado (ver Change.org donde ¡los golpistas llevaban 250 mil firmas!).

En la mira de los «negacionistas de izquierda» están los trenes (el Maya y el Transístmico) y sus consultas. Los trenes pueden visualizarse de dos maneras. Como iniciativas inamovibles, que irremediable e inexorablemente traerán destrucción ambiental, impactos sociales y culturales negativos, proletarización y desequilibrios regionales; o como proyectos a ser examinados, debatidos y modificados. Como señalé para el Tren Maya ( La Jornada, 4/12/18), ello depende del juego de fuerzas políticas, tanto de dentro como de fuera del gobierno actual. La primera visualización parte de una simplificación o caricatura de la realidad, cuya tesis mayor es que entre el actual gobierno y los anteriores gobiernos neoliberales no existe diferencia. Son lo mismo.

Las expresiones sinfónicas del «negacionismo de izquierda» provienen de un epicentro: el neo­zapatismo. Existen dos declaraciones zapatistas sobre la 4T, la del 25 aniversario del EZLN y la promulgada en la Asamblea Zapatista de diciembre 18 y 19, 2019. A la primera le dediqué un artículo (15/1/19). Señalé: “Lo anterior quedó puntualmente expresado en el discurso del subcomandante Moisés. El discurso fue una mezcla de lamentos y rabia. La batería de insultos que dirigió al nuevo gobierno, especialmente al Presidente del país, lla­ma la atención.

Calificando a AMLO de mañoso, tramposo, loco, descerebrado, mentiroso y capataz de finquero, el dirigente zapatista develó su estatura cívica. Y hasta la Madre Naturaleza le mentó la madre al Presidente”. Con la segunda se confirmó una total ceguera: “El mal gobierno federal simula consultar a los pueblos, suplanta nuestra voluntad colectiva ignorando y ofendiendo nuestras formas de organización y toma de decisiones, como es el vulgar engaño a lo que llamó ‘consulta’, cuyo objetivo no es otro que imponer por la fuerza el mal llamado Tren Maya, que en­trega los territorios indígenas al gran capital industrial y turístico… Mientras nosotros, sufrimos con más violencia que nunca la guerra del capital, el mal gobierno junto con sus grupos armados militares, policiales, paramilitares, guardias blancas y grupos de choque, extienden en nombre del dinero la des­trucción sobre todo el territorio nacional”.

Estructurados en su fase inicial bajo los principales dogmas de la ideología neoliberal (como creer que las inversiones de capital trasnacional traerán automáticamente beneficio social), los trenes han recibido una catarata de críticas desde la academia, el periodismo, las organizaciones sociales de las regiones y, de manera velada, en el gabinete. Ello aunado a otros factores, han hecho que ambos proyectos, 15 meses después, no hayan avanzado y que hayan sufrido transformaciones. Ni el Tren Maya ni el Transístmico serán por sí mismos emprendimientos social y ambientalmente positivos si no forman parte de proyectos emancipadores de escala regional en la península de Yucatán y en el Istmo.

El futuro de los trenes es parte de un proceso que parece imperceptible y silencioso, pero en realidad concentra una tremenda y sórdida batalla de ideas y de posiciones, dentro y fuera del aparato estatal. Se trata, como he señalado, de un choque entre la modernidad y la tradición, la que hoy se expresa en una resistencia biocultural y donde los pueblos indígenas, sus naturalezas, cosmovisiones y memorias van estableciendo alianzas con la 4T. Para sorpresa de los negacionistas, hoy esa alianza avanza: dos grandes reuniones con las organizaciones de apicultores mayas, 80 investigadores organizados por Conacyt para analizar el tren, un encuentro con las tres principales organizaciones de turismo alternativo, diálogos con las comunidades de conservación voluntaria, los chicleros y ejidos forestales, 20 mil familias sembradoras de vida de 367 comunidades, y sobre todo 15 consultas con 5 mil 266 participantes, incluyendo 80 por ciento de los presidentes municipales y 85 por ciento de las autoridades ejidales. Primer resultado: los ordenamientos ecológicos participativos que serán realizados en cada uno de los 78 municipios donde pasará el tren. ¿Y en el Istmo? Encuentros con diversas organizaciones conservacionistas, ambientalistas y de productores, con las asociaciones ganaderas, y una próxima consulta en los municipios indígenas. Continuará…

contacto@lajornada.mx

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Opinión

Quemar basura no la desaparece

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La incineración es un tecnología obsoleta, que busca cabida en los mercados emergentes al ver cerradas sus puertas en los países desarrollados.
Ornela Garelli*

La incineración de residuos forma parte del abanico de opciones que los ayuntamientos creen tener para manejar las toneladas de basura que producen a diario, incluidos los residuos de plástico por su poder calorífico como derivados del petróleo, la realidad es que quemar los residuos sólidos no es la solución al problema de la ineficiente gestión de los residuos, es un daño a la salud y el medio ambiente.

En el caso de la CdMx, existe una convocatoria para instalar y operar una planta de tratamiento de residuos en la ciudad, donde se incluyó un apartado que considera la incineración. A esto se han sumado diversas denuncias recogidas en los últimos días por medios de comunicación en los que empresas interesadas en participar en el proceso de la convocatoria “temen” la posibilidad de un acuerdo entre el Gobierno capitalino y empresas como Veolia para la instalación de una termovalorizadora.

Esto representa un peligro latente, pues la incineración trae graves afectaciones ambientales y para la salud humana, así como para las finanzas de los municipios (ya que exigen inversiones muy elevadas) y para la vida de las comunidades cercanas a las plantas.

En el plano ambiental y de la salud, enfatizamos que la incineración genera emisiones altamente tóxicas al aire (metales, dioxinas, furanos, gases ácidos, partículas y dióxido de carbono), las cuales pueden provocar problemas respiratorios, afecciones en los sistemas endocrino, nervioso y reproductivo, además de diversos tipos de cáncer, entre otros padecimientos. Asimismo, la incineración puede liberar nanopartículas (contaminantes orgánicos persistentes) que se alojan en los tejidos del cuerpo, entran al torrente sanguíneo y a los pulmones.

Además, esta forma de gestionar los residuos a través de su conversión en energía mediante la combustión, no es funcional para cumplir este objetivo, dado que este proceso genera también cenizas tóxicas, equivalentes al 25-30 por ciento del total de residuos incinerados, que deberán de todas formas depositarse en rellenos sanitarios, contaminando el suelo y el agua y pudiendo ser inhaladas por las personas.

Usualmente estas cenizas son depositadas en zonas de sacrificio ambiental que usualmente van a dar a lugares donde habita la población más vulnerable provocando situaciones de injusticia y racismo ambiental.

Si bien en la Ciudad de México la Secretaría del Medio Ambiente ha indicado que no se tiene contemplado optar por la incineración, es muy importante que el Gobierno capitalino se mantenga firme ante este compromiso. En años pasados, intentos de construir termovalorizadoras han sido detenidos por los factores ya mencionados y por la fuerte respuesta social en contra que desataron, un nuevo proyecto no vería una suerte distinta.

La solución no es incinerar los residuos comprometiendo recursos ciudadanos que podrían tener un mejor destino, la solución radica en eliminar la cultura del usar y desechar inmediatamente productos de un solo uso, y por lo tanto legislar para disminuir en el origen y no para hacer convenios con la industria de los plásticos como se está siendo hasta ahora en el Senado.

La incineración es un tecnología obsoleta, que busca cabida en los mercados emergentes al ver cerradas sus puertas en los países desarrollados, México está en la mira pero las evidencias contra esta tecnología son muchas, esperamos que los gobiernos estatales, ya se en Morelos, Hidalgo, Estado de México y la CDMX (entre otros) respondan negativamente ante la avaricia de quienes creen que quemando la basura, ésta desaparece.

*Ornela Garelli es la responsable del proyecto de Oceános sin plásticos de Greenpeace México.

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Opinión

Justicia es que no nos maten

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Los hombres nos matan porque pueden, porque cuando exigimos justicia exigimos castigo y no prevención.

Los feminicidios que crecen en número y en crueldad, así como todas las formas de violencia que vivimos las mujeres en nuestro país han generado muchas exigencias de justicia.

Sin embargo, la mayoría de estas exigencias entienden por justicia que el perpetrador pase el resto de sus días en la cárcel y asunto resuelto. Evidentemente, debe haber castigo para quienes cometen delitos, pero la justicia nos involucra a todas y todos. Es una responsabilidad individual, familiar, social, mediática y estatal. Los hombres nos matan porque pueden, porque cuando exigimos justicia exigimos castigo y no prevención.

Justicia es que a ninguna niña en México le vuelvan a hacer creer que vale menos que un niño, ni a ningún niño que vale más que una niña.

Justicia es que las y los adolescentes tengan acceso a educación sexual y métodos anticonceptivos gratuitos y accesibles.

Justicia es que las estudiantes lo paren todo, secundarias, prepas y universidades hasta que ningún profesor se atreva a volver a acosar a una alumna.

Justicia es que en ninguna pareja se atreva a filtrar fotos íntimas.

Justicia es que ninguna mujer gane menos que un hombre por el mismo trabajo.

Justica es que en ningún trabajo nos corran por estar embarazadas.

Justicia es que no nos dejen morir una clínica clandestina por haber decidido abortar.

Justicia es que ningún médico vuelva a decirle a una mujer que está pariendo “cállate, que para eso abriste las piernas”.

Justicia es que ningún hombre sea testigo de cómo su amigo maltrata a una mujer y lo justifique diciendo “está bien, para que se eduque”

Justicia es que nadie se vuelva a quedar callado por miedo o indiferencia si oye gritos pidiendo auxilio.

Justicia es que las mujeres se atrevan a denunciar cualquier maltrato o agresión, porque saben que cuentan con una red que las apoyará y que las autoridades nos les dirán que la culpa era de ellas, de donde y con quien estaban y cómo vestían.

Justicia es que no haya medio de comunicación que se atreva a filtrar imágenes sobre las víctimas.

Justicia es que no desaparezcan instancias como el Centro de Estudios Legislativos para la Igualdad de Género como lo está haciendo el Congreso de la Ciudad de México argumentando “austeridad”.

Justicia es que no haya Fiscal que se atreva a decir que es mejor eliminar el delito de feminicidio porque es muy complicado probarlo.

Justicia es que ningún presidente vuelva a decir que hay un buen humor social pese a la masacre que estamos viviendo.

Justicia es que nadie nos vuelva a llamar histéricas, mal cogidas y feminazis por expresar nuestra ira y protestar.

Justicia es que no nos maten. Porque ya no pueden.

@PaolaSaeb

Columna publicada en Animal Político.

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