Leptospirosis: Un mensaje para prevenir contagios

Aunque aún no salimos de la crisis del dengue, quiero llamar la atención -aunque sin la intención de generar inquietudes de más- sobre otra grave enfermedad a la que todos de una u otra maneta estamos expuestos: la leptospirosis. En el verano de 2017 mi hija y yo sufrimos un cuadro agudo muy grave de leptospirosis y ambos estamos diagnosticados con leptospirosis crónica.

La intención de este texto es llamar la atención sobre esta enfermedad infecciosa que puede resultar mortal si no se tienen las precauciones suficientes y se actúa con rapidez. Todos, en mayor o menor grado, estamos expuestos a ella, ya sea por la naturaleza de nuestro trabajo, por nuestros hábitos y patrones de vida cotidiana o por las afectaciones derivadas fenómenos naturales.

¿Qué es la leptospirosis?

La leptospirosis es una zoonosis con un enorme y creciente impacto mundial y, junto con el dengue, es un problema de salud pública con impacto aun no advertido en toda su magnitud sobre la población. Es una enfermedad bien estudiada y reconocida en la medicina veterinaria; en cambio, en medicina humana continúa siendo soslayada. Es raro que los médicos de primer contacto consideren la leptospirosis como una primera posibilidad de padecimiento, y esto se debe a que a gran cantidad de médicos les es desconocida o porque piensan que es una enfermedad exclusiva de animales. En México y en Veracruz no se conoce en su totalidad el impacto específico de esta enfermedad, ya que los casos casi siempre son registrados prácticamente en el 100% de los casos como dengue, tifoidea, hepatitis, influenza o una urgencia quirúrgica (Velasco-Castrejón et al., 2005).

Fuentes del contagio

La leptospirosis es causada por la bacteria Leptospira interrogans (Leptospiraceae) de la que existen más de 200 serovares patógenos. Entre los más comunes en México están Icterohaemorrhagiae, Canicola, Pomona y Tarassovi, cuyos reservorios son las ratas, perros, cerdos y ganado vacuno respectivamente y todos ellos son altamente patógenos. La enfermedad está presente en los medios urbano y rural y numerosas especies animales son portadoras (Sosa-Solís et al., 2018, Ballados-González et al., 2017). La bacteria es expulsada en la orina de los animales infectados y vive por tiempos prolongados en agua, suelos y vegetación en climas cálido-húmedos. El contagio ocurre por contacto con orina, excretas, saliva, tejidos, suelos, agua o vegetación contaminados. La bacteria penetra a través de la piel y mucosas y se disemina por la corriente sanguínea hasta colonizar los riñones y desarrollar la infección, que se resume en una vasculitis. Los contagios entre personas son muy raros y existe evidencia de un contagio de humano a perro (Velasco-Castrejón y Rivas-Sánchez, 2010).

Un entorno favorable

El estado de Veracruz ofrece condiciones ambientales óptimas para esta bacteria. Los pésimos sistemas de drenaje, la mala disposición final de basura y las condiciones de crianza del ganado y animales de traspatio contribuyen a ello. La falta de precaución y el exceso de confianza en el manejo de nuestras mascotas -como en el caso de quien esto escribe- son factores de riesgo de enorme relevancia. Se estima que el 80% de la población mexicana está infectada con Leptospira desde edades tempranas (Rivas, 2017).

¿Cómo se presenta la leptospirosis?

La fase aguda inicia de manera súbita pero sus síntomas son tan indeterminados que son confundidos principalmente con dengue, sobre todo en las estaciones lluviosas. Las bacterias invaden rápidamente el organismo, dando lugar a fiebre mayor de 39 grados, serios daños renales manifestados en hematuria, dificultad para respirar y alteraciones y dolor hepático, ictericia, dolor al tragar, dolor y enrojecimiento de los ojos, náuseas, vómitos, gran debilidad con intensos dolores musculares concentrados en pantorrillas y región lumbar. La cefalea es intensa, incapacitante y de difícil resolución.

Es lamentablemente común que un diagnóstico equivocado conlleve un manejo también equivocado, y es este patrón lo que cuesta vidas, ya que personas con cuadros típicos de leptospirosis son diagnosticados erróneamente, (por ejemplo como dengue) aun con el respaldo de análisis de laboratorio. Cuando finalmente se establece el tratamiento antibiótico específico, la condición del enfermo es de tal gravedad que su vida está en serio peligro o los daños ya son irreversibles. Los pacientes recuperados de la fase aguda sufren una o más recaídas y transitan a la fase crónica (Velasco-Castrejón et al., 2009).

El mejor remedio: la prevención

Actualmente no existe en México una vacuna preventiva para humanos, por lo que el mejor remedio es la prevención. Es necesario extremar las medidas higiénicas en el trabajo y en casa, usar guantes, botas de hule y cubrebocas al manipular las muestras biológicas, de suelo, agua estancada, residual, basura o al manipular fauna silvestre o ganado. Las ratas y ratones son transmisores por excelencia de esta enfermedad, de manera que los sitios o utensilios donde se sospeche que defecan u orinan deben limpiarse con frecuencia con agua, detergente y cloro. La salud de nuestros queridos perros es nuestra responsabilidad y debemos mantenerlos vacunados contra la leptospirosis, ya que el contacto con ellos es demasiado cercano. A título personal recomiendo evitar los roedores como mascotas, pues no hay manera de rastrear las condiciones de los criaderos y de que no sean portadores de esta letal bacteria.

Con información de INECOL.

Leptospirosis
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