Apagones en Cuba, el gobierno calla, los ciudadanos hablan

“Si esto es julio, no quiero ver agosto”, dice Carmen empapada de sudor, abanicándose con un viejo periódico del mes pasado, doblado por la mitad. En ese diario, una nota periodística informa con aire triunfal que no habrá apagones planificados durante este verano. Carmen está sentada en la acera. Hace una hora quitaron el servicio eléctrico y su casa es un horno donde no se puede estar sin ventilador.

DE IMPREVISTOS Y PLANIFICACIONES
La escasez de alimentos básicos en Cuba a mediados del primer semestre de 2019, unida a la difícil situación política y económica de Venezuela, hizo despertar temores de que el país estaba a las puertas de un nuevo “Período Especial”.

Aunque la crisis económica y social que vivió Cuba en los noventa del pasado siglo se caracterizó por la escasez extrema de casi todo, fueron las sistemáticas interrupciones del servicio eléctrico por más de 18 horas, su rasgo distintivo y uno de los aspectos que mayores huellas dejó en la memoria colectiva. Decir apagón en Cuba, es pensar inmediatamente en Período Especial; y en estos momentos, esa es una asociación peligrosa.

En medio de una situación tensa provocada por problemas serios con el suministro de carne de pollo y aceite, el gobierno y sus voceros jugaron una carta arriesgada para tratar de sosegar los ánimos: garantizar que no habría apagones planificados durante el verano.

“Pueden ocurrir averías como consecuencias de tormentas eléctricas o eventos climatológicos, pero no por falta de electricidad” afirmó el 19 de junio en el Noticiero de Televisión Elaine Moreno, directora general del Uso Racional de Energía de la Unión Eléctrica.

Dos semanas después, varios ciudadanos comenzaron a quejarse en las redes sociales por interrupciones del servicio eléctrico en sus zonas de residencia. Un tuit publicado desde Camagüey fue respondido por otro desde Pinar del Río, que también denunciaba apagones de cuatro horas; y este, por otro procedente de Santiago de Cuba, en el cual se dennciaba el mismo problema durante tres días seguidos… y así se fueron sumando más personas, lo cual comenzó a sugerir que al parecer no se trataba de hechos aislados, sino de un fenómeno nacional.

Esta actitud de veeduría ciudadana me involucró en la idea. Entre algunos usuarios cubanos en la red social Twitter esparcimos la idea de reportar los apagones usando las etiquetas #ApagonesProgramados, #ApagonesCuba y #ReportoApagonCuba.

Cada usuario afectado por interrupción del servicio eléctrico debía decir en un tuit su lugar de residencia y las horas en que ocurrió el apagón. El objetivo: recuperar todos esos tuits para comprobar la frecuencia y sistematicidad de los cortes del servicio eléctrico y con esa información emplazar al gobierno para que reconozca la ocurrencia de apagones planificados.

El 11 de julio fue hecha la convocatoria para reportar los apagones en Twitter y en solo 4 días se generaron 692 tuits producidos por 249 usuarios, según datos aportados por el proyecto Inventario.

A pesar de que Twitter no es de las redes sociales más usadas en el país, fueron informadas interrupciones del servicio eléctrico en más de 30 municipios de las provincias de La Habana, Santiago de Cuba, Matanzas, Holguín, Pinar del Río, Camagüey, Villa Clara, Sancti Spíritus, Cienfuegos, Las Tunas, Artemisa y Mayabeque.

Los usuarios que reportaron con mayor sistematicidad daban cuenta de la ocurrencia de interrupciones durante varios días seguidos que oscilaban generalmente entre 2 y 6 horas y en distintos momentos del día.

También en Facebook y canales de Telegram circularon las publicaciones sobre interrupciones de varias horas del servicio eléctrico en distintas localidades del país. La mayoría de las personas se quejaban de tener que soportar las altas temperaturas del verano sin ventilación y de los problemas para cocinar, ya que a raíz de las políticas de la “Revolución Energética” una parte importante de la población depende de la electricidad para la cocción de los alimentos.

Además del sector residencial, los apagones llegaron a servicios sensibles para la población. En la ciudad de Camagüey, el policlínico Carlos J. Finlay, fue afectado en varias ocasiones, lo cual obligó a reprogramar los turnos de pacientes de diferentes especialidades. También las instalaciones recreativas, gastronómicas y comerciales del centro histórico, tuvieron que interrumpir sus servicios por falta de fluido eléctrico, en una época donde crece la demanda de la población.

Los temidos apagones no solo eran un hecho en toda Cuba, sino que estaban ocurriendo con la regularidad que suele caracterizar a las interrupciones planificadas.

En días recientes, se celebró una reunión en el Salón de Convenciones Santa Cecilia de la provincia de Camagüey con trabajadores y directivos del sector eléctrico en el territorio. Allí, a puertas cerradas, se confirmó lo que ya todos sospechaban. Según uno de los asistentes, fueron informados de serios problemas con los proveedores de combustible del país por lo cual los apagones aumentarían en frecuencia y extensión.

“Nos dijeron también que los grupos electrógenos están parados, y que además se les había vencido la garantía del fabricante, por lo que si se rompe una pieza, hay que comprarla nueva y no hay dinero para eso”, comenta este trabajador que pidió mantener el anonimato.

Aunque no se explicó en la reunión, los “problemas con los proveedores” podrían referirse a los obstáculos que imponen las sanciones aplicadas por Estados Unidos a raíz de la orden dada en marzo pasado por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, de suspender los envíos de petróleo a Cuba. Dichas sanciones afectan a embarcaciones de PDVSA y otras compañías que entregan crudo venezolano a la Isla, y también a Cubametales, principal empresa cubana importadora de combustible, incluida recientemente en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, siglas en inglés).

Aunque el gobierno de Nicolás Maduro ha buscado vías alternativas para continuar cumpliendo con sus compromisos con Cuba, la entrega de crudo ha disminuido considerablemente respecto a años anteriores, según han afirmado varios expertos internacionales.

SILENCIOS, MEDIAS VERDADES Y MENTIRAS
Muchos de los que llamaron a las oficinas de Unión Eléctrica para indagar por las causas de las interrupciones del servicio recibieron como respuesta que se trataba de “averías en las líneas”, “emergencias”, “circuitos abiertos”, “reparaciones” y otras cuestiones similares que apuntaban a problemas puntuales.

En diferentes provincias, municipios, horarios, con distintas operadoras, la respuesta casi siempre fue similar, lo cual aumentó las preocupaciones de la población y la desconfianza hacia las autoridades, que no han respondido a las solicitudes y emplazamientos de los ciudadanos para que digan la verdad sobre lo que ha estado ocurriendo.

Justo el sádado 13 de julio terminó una nueva sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Ninguno de los diputados tocó el tema de las interrupciones del servicio eléctrico a pesar de que, por su presencia en Twitter, sabían de la campaña ciudadana de reporte de los apagones. Ninguno de los dirigentes e instituciones dijeron una palabra sobre las irregularidades con el fluido eléctrico.

Los medios de prensa oficiales, que reprodujeron la información circulada en junio por la Unión Eléctrica, tampoco han dado información.

Una excepción parece haber sido el programa radial de facilitación social Meridiano, de Radio Cadena Agramonte, en Camagüey, cuyos realizadores, en la emisión de este 15 de julio, anunciaron que aún no habían logrado obtener información oficial sobre las interrupciones eléctricas. Los radialistas afirmaron que continuaban realizando gestiones y que solo sabían lo mismo que los oyentes: “que había arreciado el bloqueo contra Cuba y que esto provocaba dificultades al país”.

Ante el crecimiento de la presión en las redes sociales y en las calles y lo innegable de la evidencia, el 13 de julio el presidente Díaz-Canel, en su discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, mencionó brevemente que: “Ha existido déficit con la importación de combustible, lo que nos ha obligado a establecer medidas de restricción interna para su consumo evitando en lo posible afectaciones a la población y a las principales producciones y servicios de la economía. (…) A pesar de las tensiones con el combustible se ha respaldado la generación de energía eléctrica y, como se ha informado a nuestro pueblo, se trabaja para garantizar esta durante el verano”.

El anuncio rotundo realizado en junio por la Unión Eléctrica respecto a que no habría apagones planificados durante el verano, ha sido matizado ahora con los “evitando en lo posible” y “se trabaja para garantizar” dichos por Díaz-Canel.

No obstante, el presidente ni reconoció ni informó sobre los recurrentes apagones, pero sí afirmó que: “La dirección del Partido y el Gobierno han demostrado su compromiso con la información oportuna y abierta de cuanta medida o paso se dé en función de los intereses públicos. Y defenderemos siempre esa política. (…) el pueblo cubano sabe que la Revolución, por principio, solo dice la verdad”.

El mismo día del discurso, otro usuario reportaba un apagón en los repartos Micro 1A y Abel Santamaría, de Santiago de Cuba, que duró de seis de la tarde a diez de la noche.

YA NO ES ANTES
Paradójicamente, muchas personas ya han aceptado la inevitabilidad de estos apagones y solo desean recibir información de los horarios en que ocurrirán, para poder prepararse.

Pero hasta el día de hoy, Partido y gobierno han decidido seguir sin hacerle frente a la situación, como si su silencio fuera a trastocar la dura realidad que el calor, las dificultades y el aburrimiento les hacen sentir a quienes sufren a diario, durante cuatro y cinco horas, estos apagones programados.

Sin embargo, como dice la película, ya no es antes, y ante el mutismo oficial, una parte de la ciudadanía se ha organizado para construir y hacer pública la evidencia de que sí hay apagones producto de insuficiencias en la generación eléctrica y no de problemas puntuales, y que el gobierno calla y miente por omisión cuando se niega a reconocer lo evidente.

Tal vez mañana o pasado mañana, o cuando crean “oportuno”, publiquen la esperada nota oficial, pero con cada minuto que pasa y cada circuito que apagan sin una explicación, se alejan de la posibilidad de generar una reacción más comprensiva en una parte de la población que ya no necesita que le digan lo que sabe de sobra, sino que espera que sus dirigentes le den explicaciones de qué ha pasado y cómo pretenden solucionarlo o, al menos, minimizar los daños.

En la era de internet las cosas han cambiado y mientras el Gobierno calla, los ciudadanos toman la palabra. Se hacen oír, se empoderan y la credibilidad, ese recurso tan valioso, va languideciendo en una parte, para florecer en otra.

Con información de El Toque.

http://bit.ly/2XUv5qW

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